En una estación de tren, ambientada según eran a finales del siglo XIX un niño sucio y vestido con harapos está en cuclillas.
Niño. (levantándose y mirando al público), ¿no han visto a nadie verdad?, no hay nadie que haya pasado por este andén, ¿verdad?... ¿No me contestan?
Voz en of. No pueden contestarte, no hay nadie.
Niño. ¿Cuándo pasa mi tren?
Voz en of. Cuando dejes de esperarlo
Niño. ¿Y qué puedo hacer en el andén si no esperar la llegada de un tren?
Voz en of. Marchar del andén, irte, abandonarlo todo. Para dejar de esperar tu tren abandona el andén
Niño. No puedo irme y lo sabes... Sigo esperando, pues no hay más que andenes y trenes que van pasando, no hay otra cosa
Voz en of. Puedes construir tu tren para subirte en él, no todo el mundo tiene la suerte de subirse en un tren ya formado, y los que construyen trenes para subirse son aquellos que crean esperanza, que cambian las cosas, sé tu uno de los pocos
(El niño se ve iluminado por una luz y debajo de una manta que hay en el suelo saca un pequeño tren de juguete. Sonríe. Suela el ruido de la llegada de un tren. El niño parece dudar, pero con alegría coge su tren de juguete y abandona el escenario)